Escribir sobre tweed

Desde el siglo XIX, el tweed se caracteriza por su resistencia a la humedad y la intemperie. La escritura vence adversidades atmosféricas e históricas.
El tweed debe su nombre al vocablo escocés twill, relacionado con el número dos. La escritura se urde gracias a la duplicidad.
El tweed fue bautizado por un mercader londinense que al leer equivocadamente una carta creyó que la tela aludía a un río escocés. La escritura fluye por cauces misteriosos.
El tweed puede adquirir diversas formas, texturas y dibujos. La escritura también acepta ser practicada sobre una tela.
Los tonos melancólicos del tweed se logran entreverando hilos de lana de distintos colores. La escritura se revela como un tejido múltiple.
El tweed es una tela polivalente porque se ajusta a distintos estilos de vestir. La escritura funge como arte combinatoria.
En el tweed veo pequeños relámpagos entrecruzados, tormentas en miniatura sobre un horizonte de tela. La escritura necesita electricidad.
En el tweed veo cartílagos que se entretejen, minúsculos tendones en perpetua tensión. La escritura es una estructura corporal.
En el tweed veo vasos capilares que siguen un patrón geométrico, sistemas de irrigación casi imperceptibles. La escritura exige sangre.
Usar un traje de tweed es recomendable para salir de cacería. La escritura, esa caza incesante de palabras, encontró su tela idónea.
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Davedan Swars dijo
Interesante.
22 Enero 2012 | 08:01 PM